
EL PACTO DE LAS ÉLITES
La historia política de Colombia conoció uno de sus episodios más reveladores cuando liberales y conservadores, antiguos adversarios durante décadas, decidieron unir sus fuerzas para derrocar al general Gustavo Rojas Pinilla y recuperar el control del poder. Bajo las promesas de reconciliación y restauración democrática nació el Frente Nacional (1958-1974), un acuerdo que permitió a ambos partidos alternarse la Presidencia y repartirse las instituciones del Estado, limitando al mismo tiempo la participación de otras fuerzas políticas.
Mientras se proclamaba la concordia nacional, quedaban atrás las diferencias que habían dividido históricamente a aquellas dirigencias. Rojas Pinilla, por su parte, sería recordado tanto por el carácter autoritario de su gobierno como por realizaciones importantes: la televisión nacional, el reconocimiento del sufragio femenino, el SENA y numerosas obras de infraestructura.
Sin embargo, aquella alianza no desapareció sin dejar huella. Con el paso de las décadas, las antiguas identidades partidistas se transformaron y numerosos dirigentes de procedencia liberal y conservadora comenzaron a coincidir en nuevos proyectos políticos. Así surgió una derecha contemporánea que combina el conservadurismo social con el liberalismo económico, la defensa de la propiedad privada y la reivindicación de la autoridad estatal. El uribismo y el Centro Democrático representan una de sus expresiones más reconocibles, mientras que movimientos posteriores han desarrollado sus propias variantes.
He aquí una de las contradicciones de nuestra historia: quienes alguna vez fueron adversarios irreconciliables terminaron encontrando puntos de coincidencia en un mismo espacio político. Cambiaron los nombres, los discursos y las banderas, pero permanecieron muchas de las viejas disputas por el poder.
Colombia debe comprender que esta discusión continúa. Hoy el panorama político está marcado por nuevas expresiones de derecha conservadora y liberal en lo económico, así como por una izquierda progresista que impulsa transformaciones culturales e institucionales. Desde una perspectiva nacionalista, ninguna corriente debería estar por encima de los intereses históricos de la nación.
La soberanía, la identidad cultural, la unidad y la estabilidad de Colombia merecen ser examinadas más allá de las conveniencias partidistas. Porque la patria no pertenece a una derecha, a una izquierda ni a las antiguas élites: pertenece a la nación.
¡COLOMBIA POR ENCIMA DE LOS PARTIDOS!