¡No somos de extrema derecha somos nacionalistas!
OPINIÓN
Fecha de PublicaciónFriday, October 30, 2026
Escrito porRichter_tercero

¡No somos de extrema derecha somos nacionalistas!

En efecto, nosotros no somos de extrema derecha, tampoco pertenecemos a una izquierda conservadora ni a ninguna de esas corrientes. Somos nacionalistas alzatistas, porque reconocemos que Gilberto Alzate Avendaño comprendió lo que consideraba el camino para la salvación de Colombia, aunque, por circunstancias de la historia, lamentablemente nunca logró llevarlo plenamente a cabo. Lo más cercano a ese ideal fue el majestuoso gobierno de Gustavo Rojas Pinilla, que, pese a la persecución de la que fue objeto, siempre será recordado por haber emprendido obras y transformaciones que ningún otro gobierno se atrevió a realizar.

Ahora bien, para comprender la tercera posición de Alzate, es necesario remontarnos a sus primeros años de formación política. Durante su juventud, estuvo profundamente influenciado por las circunstancias de su natal Manizales, una ciudad que en aquella época no gozaba de la prosperidad de otros centros urbanos y donde, como en buena parte de Colombia, eran visibles las desigualdades sociales. Sin embargo, Alzate no encontró en la izquierda la respuesta a aquellos problemas. Su pensamiento fue más allá: estudió otras corrientes políticas y encontró en el fascismo una concepción de organización nacional que consideraba capaz de superar las divisiones sociales, unir al pueblo bajo un mismo propósito y consolidar un Estado fuerte al servicio de la nación.

Pero Alzate no pretendía limitarse a copiar el modelo de Mussolini ni importar un fascismo extranjero. Su propósito era construir una doctrina con identidad propia, arraigada en la realidad colombiana. En ese proceso intelectual encontró una importante referencia en José Antonio Primo de Rivera, el caudillo de la Falange Española, cuyas ideas estudió y de las que asumió importantes principios políticos y sociales.

Cuando hablamos de propiedad privada, no hablamos de capitalismo. Son conceptos que no deben confundirse. Alzate reconocía que en el pensamiento de José Antonio había una verdad fundamental: Marx había identificado problemas reales de la sociedad, pero sus soluciones no eran necesariamente las correctas. La desigualdad, la explotación económica y las dificultades de los trabajadores para alcanzar una vida digna eran realidades que no podían ignorarse. Precisamente, la incapacidad de la derecha tradicional para ofrecer respuestas satisfactorias a estas cuestiones contribuyó al creciente interés de Alzate por el falangismo. José Antonio reconocía la existencia de los problemas señalados por Marx, pero rechazaba las soluciones marxistas. Alzate encontró en esa distinción una reflexión que también podía aplicarse a la realidad colombiana.

De allí surge la importancia del corporativismo: una organización de la sociedad mediante corporaciones que representen los distintos sectores de la producción, buscando superar la confrontación permanente entre clases sociales. A esto se suma el sindicalismo nacional, inspirado en los planteamientos de José Antonio. Los sindicatos no deben desaparecer, pues constituyen una representación legítima de los trabajadores. El obrero, el campesino y los demás sectores deben conservar el derecho de organizarse y manifestarse frente a sus dirigentes o empresas cuando sus intereses sean vulnerados. Sin embargo, el sindicalismo no debe convertirse en un instrumento de lucha de clases, sino en una institución integrada a la organización nacional.

También encontramos el distributivismo, entendido como la aspiración de extender la propiedad y las oportunidades económicas, procurando que los trabajadores puedan acceder a condiciones de vida dignas y a una participación más justa en la riqueza nacional.

A primera vista, estas propuestas podrían confundirse con planteamientos de izquierda. Sin embargo, es necesario comprender el contexto histórico: la izquierda de aquella época estaba profundamente vinculada a la lucha de clases y al proyecto marxista de transformación de la propiedad. El pensamiento alzatista, por el contrario, buscaba superar esa confrontación sin renunciar a la propiedad privada ni a una economía organizada en función del interés nacional.

Pero tampoco nos identificamos con la derecha tradicional ni con la extrema derecha. Aunque somos católicos, conservadores en nuestras costumbres y contrarrevolucionarios, rechazamos aquellas corrientes que subordinan los intereses nacionales a los económicos o extranjeros. También cuestionamos la derecha liberal contemporánea, especialmente cuando sus planteamientos favorecen la dependencia frente a potencias extranjeras. En la política colombiana actual, consideramos que figuras como Abelardo de la Espriella representan contradicciones que merecen ser examinadas desde una perspectiva verdaderamente nacionalista, particularmente en lo referente a la soberanía y los intereses de Colombia frente al sinoísmo.

Asimismo, rechazamos la derecha tradicional, a la que responsabilizamos de haber permitido que los problemas sociales y económicos se agravaran hasta favorecer el surgimiento de movimientos revolucionarios que posteriormente pretendieron presentarse como sus únicas alternativas.

Por eso hablamos de tercera posición. No buscamos ubicarnos en un punto intermedio entre dos ideologías, sino plantear una concepción política propia: un Estado fuerte, capaz de organizar la economía, defender la soberanía, proteger a los trabajadores y combatir las desigualdades sociales. Aspiramos a preservar nuestra identidad histórica, nuestras tradiciones y nuestra cultura frente a las corrientes que consideramos contrarias a ellas.

No somos partidarios del liberalismo económico ni del comunismo. Defendemos la intervención del Estado en la economía, aunque sin adoptar los modelos de socialismo autoritario representados por figuras como Chávez o Fidel Castro. Tampoco somos conservadores en el sentido de pertenecer necesariamente a las estructuras del Partido Conservador. Somos conservadores porque creemos en la necesidad de preservar aquello que constituye nuestra identidad: nuestras tradiciones, nuestra historia, nuestra cultura y nuestros principios.

Somos católicos, somos colombianos y somos nacionalistas alzatistas. Esa es nuestra identidad y esa es nuestra lucha.

←Volver al Archivo
FIN DEL DOCUMENTO